El Rol de los Anglo-americanos en el triunfo de Mao Zedong - Por G. J. Molvert

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El Rol de los Anglo-americanos en el triunfo de Mao Zedong - Por G. J. Molvert

Mensaje por Gustavo Molvert el Mar Jul 08, 2014 1:31 am

Me lo solicitaron así que aquí se los presento, por partes por que es un texto muy grande.
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LA CONQUISTA COMUNISTA DE CHINA
Durante los recientes días pasados, hemos aprendido el alcance de los desastres que han ocurrido en China y los Estados Unidos. Nuestra relación con China desde la Segunda Guerra Mundial ha sido trágica, y es de la mayor importancia que busquemos e identifiquemos a aquellos que deben ser responsabilizados por nuestro presente problema.
Cuando miramos la facilidad con la cual los comunistas han derrocado el gobierno nacional de Chiang Kai Shek, viene como una especie de “shock” al recordar que en el 22 de Noviembre de 1941, nuestro secretario de Estado, Cordell Hull, le entregó al embajador Namuru un ultimátum a efectos de: 1) El gobierno de Japón retirará todas sus fuerzas militares, navales, aéreas y policiales de China e Indochina; 2) Los Estados Unidos o Japón no apoyarán militarmente, económicamente, políticamente ningún otro gobierno o régimen salvo el Gobierno Nacional de la República de China.
Estaba claramente enunciado que la independencia de China y la estabilidad del gobierno nacional era el objetivo fundamental de nuestra política en el lejano oriente.
Que esta y otras declaraciones de nuestras políticas en el lejano oriente desencadenaron el ataque a Pearl Harbor es bien sabido. Y se puede decir que casi a sabiendas entramos en combate con Japón para preservar la independencia de China y los países al sur de ella. En contraste con esta política que alcanzó plenitud en 1943, cuando los Estados Unidos y Gran Bretaña acordaron en Cairo liberar China y regresarle a ese país al final de la guerra Manchuria y todas las zonas controladas por los japoneses, con la política confusa y vacilante que hemos seguido desde aquel día.
En 1944 el General George “Vinegar Joe”Stilwell presentó un plan para armar a 1.000.000 de comunistas chinos, que habían estado cuidadosamente construyendo sus recursos para una toma del poder luego de la guerra y con ellos capturar Shangai y asegurar el Yangtze. Este plan había sido apoyado por algunos funcionarios del departamento de Estado, incluyendo al embajador Clarence Gauss. Chiang Kai Shek se rehusó a cooperar con este plan, que les presentaba a los comunistas chinos un golpe de estado fácil. Chiang solicitó que Stilwell sea destituido, lo que causó amargos comentarios en este país; y Gauss renunció. Desde esa fecha, nuestras relaciones con el gobierno nacional declinaron.
En la conferencia de Yalta de 1945, un enfermo Roosevelt, con el consejo del General George Marshall y otros Jefes de Estado Mayor le dieron las islas Kurile así como el control de varios puertos estratégicos chinos, como Port Arthur y Dairen, a la Unión Soviética.
De acuerdo con el ex-embajador Bullit, en la revista Life en 1948, “Cualquiera sea responsabilidad de Roosevelt y cualquiera sea la responsabilidad de Marshall, el vital interés de los Estados Unidos en la independiente integridad de China fue sacrificado y el fundamento de la presente situación trágica en el oriente lejano fue establecido”.
Cuando los ejércitos de la Rusia Soviética abandonaron Manchuria, dejaron a los comunistas chinos en control de esta área y en posesión de una gran masa de material de guerra japonés.
Durante este período comenzó la gran división en las mentes de nuestros diplomáticos acerca de apoyar el gobierno de Chiang Kai Shek o forzar a Chiang Kai Shek a aceptar incorporar comunistas chinos a su gobierno para formar una coalición.
Cuando el embajador Patrick Hurley renunció en 1945 expresó: “Diplomáticos profesionales continuamente aseguraban a los comunistas chinos que mis esfuerzos en prevenir el colapso del gobierno nacional no representaba la política oficial de los Estados Unidos. La principal oposición a la realización de nuestra misión provenía de diplomáticos americanos, la embajada en Chungking y las divisiones de China y el oriente lejano del departamento de estado.
Con la preocupante situación en China empezando a asomar crecientemente en los Estados Unidos, el General Marshall fue enviado, bajo la petición del Presidente Truman, como un emisario especial a China para efectuar un compromiso y establecer una coalición de gobierno. En el artículo del embajador Bullit en la revista Life el expresa y yo cito: “En el verano de 1946, en función de forzar a Chiang Kai Shek a incorporar comunistas al gobierno chino, el General Marshall hizo que el Departamento de Estado se rehúse a dar licencias para la exportación de municiones a China. Así, desde el verano de 1946 hasta febrero de 1948 ni un solo proyectil o cartucho fue enviado a China para su uso en el armamento americano. Y en el campo de la aviación Marshall también la pifió, y como resultado de él quebrando los contratos del gobierno americano para entregar a China aviones y mantener ocho y un tercio de grupos aéreos, por tres años ningún avión de combate o bombardero fue enviado a China desde Septiembre de 1946 hasta Marzo de 1948. Como Marshall personalmente confesó en Febrero de 1948 al comité de la cámara de asuntos foráneos, esto era en efecto un “embargo de suministros militares”.

En 1948 nosotros apropiamos $468,000,000 para China, sólo una fracción de lo que estábamos enviando a Europa. Y de estos $468,000,000 sólo $125,000,000 era para propósitos militares. El final se acercaba; la asistencia era muy poca y llegó muy tarde; y el gobierno nacional estaba enganchado en una guerra a muerte con las mareas de ejércitos comunistas.

El 20 de Noviembre de 1948, el antiguo senador D. Worth Clark, quien había sido enviado en una misión especial a China por el Comité de Apropiaciones del Senado, en su reporte al comité dijo: “Ayuda por partes no va a salvar a China de caer en el comunismo. Ahora se hace un programa a fondo o ninguno… a fish or cut bait proposition. [El autor de este texto ha sido incapaz de traducir al español esta metáfora]”
Clark dijo que esta conclusión había sido confirmada por el embajador J. Leighton Stuart y altos funcionarios del ejército en China.
En el 25 de Noviembre de 1948, tres años tarde, el New York Times expresó: “El secretario de estado George C. Marshall dijo hoy que el gobierno de los Estados Unidos estaba considerando que asistencia podía dar apropiadamente al gobierno chino en la presente situación crítica.”
El 21 de Diciembre de 1948 un titular del Times era “el Administrador del ECA Hoffman, luego de verse con Truman revela el congelamiento de un programa de $70.000.000 en China en aras de la incierta situación de guerra.”
La indiferencia, sino el desprecio, con el cual el departamento de Estado y el presidente trataron a la esposa de la cabeza del gobierno nacionalista – quien estaba en ese entonces peleando por una China libre – Madame Chiang Kai-Shek estuvo en el capítulo final de esta trágica historia. Nuestra política en China ha cosechado el torbellino. La continua insistencia de que la ayuda no llegaría a no ser que una coalición de gobierno con los comunistas se formara fue un golpe duro para el gobierno nacional. Tan preocupados estaban nuestros diplomáticos y sus consejeros, los Lattimores y los Fairbanks, con las imperfecciones del sistema diplomático en China luego de 20 años de guerra, y las historias de corrupción en altos espacios, que perdieron la vista de nuestra tremenda puesta en una China no comunista.
Hay quienes clamaron, y aún claman, que el comunismo chino no era en realidad comunismo, sino meramente un avanzado movimiento agrario que no recibía órdenes de Moscú.
Escuchen la voz del reporte Bolton: “Sus doctrinas siguen a las de Lenin y Stalin. Sus líderes son entrenados en Moscú (de 35 líderes políticos comunistas chinos listados en el reporte, casi la mitad pasó tiempo o estudió en Moscú). Sus políticas y acciones, sus estrategias y sus tácticas son comunistas. Los comunistas chinos han seguido todos los “zigzags” de la línea del Kremlin por una generación.”
Esta es la trágica historia de la libertad de China que una vez luchamos para proteger. Lo que nuestros jóvenes salvaron, nuestros diplomáticos y nuestro presidente han desperdiciado.


John Fitzgerald Kennedy, 30 de Enero de 1949, en un discurso en Salem, Massachusetts.
El año siguiente, 1950, estalló la guerra de Corea. Kim il Sung probablemente no habría atacado Corea del Sur sino hubiese tenido tras de sí a un Mao Zedong.
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Gustavo Molvert

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Re: El Rol de los Anglo-americanos en el triunfo de Mao Zedong - Por G. J. Molvert

Mensaje por Gustavo Molvert el Mar Jul 08, 2014 1:41 am

INTRODUCCIÓN
En 1949, tan sólo cuatro años después del final de la guerra contra el fascismo, China es conquistada por el ejército rojo de Mao Zedong. Esta historia está plagada de mitos, que por desgracia, son inspirados por la ideología más que por los hechos. La ideología no debe llevarnos a alterar o ignorar sucesos históricos, al contrario, debemos basarnos en esos hechos precisamente para sopesar las ideas. La historia, sostiene el autor, es la balanza en la que hay que pesar las ideas. Primordial aclaración, el autor no tiene vergüenza de sus convicciones políticas y sabe perfectamente que la ideología o más precisamente, la cosmovisión de los seres humanos, afecta su visión de la historia y la vida. Sin embargo, eso no me lleva a ignorar o esconder hechos históricos, o al menos, intento que no lo haga. Este texto es una humilde producción independiente que he confeccionado con mis limitados recursos. Críticas, siempre que sean con ánimos constructivos, son bienvenidas.
El triunfo del maoísmo y su expansión por el mundo, especialmente en países pobres sudamericanos, no han sido accidente. No son el producto de una malvada conspiración comunista, pero tampoco de una inevitabilidad histórica revolucionaria.
Atacaré en estos párrafos las dos versiones extendidas: La de la derecha, que en general afirma que Mao alcanzó el poder debido a una conspiración soviética que extendió sus redes hasta Washington. Y la de la izquierda, que suele afirmar que esa victoria fue posible debido a arduas luchas revolucionarias de un pueblo oprimido que obtuvo una victoria merecida y legítima contra opresores en el campo de batalla.

Ambos son mentira. Aquí no se glorifica a los Joe McCarthy ni a los Che Guevara.

Un Joe McCarthy sería reacio a echar un gramo de culpa a los intereses Morgan, Rockefeller y Carnegie, las inmensas fortunas de Wall Street que financiaron al Institute of Pacific Relations cuya asistencia a Mao es innegable.

Un Che Guevara sería reacio a admitir que esas “luchas revolucionarias” no habrían triunfado de no ser por la activa participación de los círculos de poder anglo-americanos que sabotearon deliberadamente los esfuerzos de Chiang Kai Shek.

En estas páginas el autor intenta proporcionar evidencias para apoyar estas afirmaciones y examinar la seguidilla de eventos históricos que llevaron a China a la catástrofe, y cuando digo catástrofe, no me refiero meramente a los desastrosos programas económicos de Mao, la hambruna o la “revolución cultural”. Sino al largo proceso de destrucción desatado por las fuerzas oligárquicas mundiales que venían abusando y humillando a China durante siglos – poderes que sí tuvieron participación en la llegada del PCC al poder, quién a estas fuerzas les debe mucho, lo hayan sabido o no. También, rescatar y analizar la pelea entre los norteamericanos y los británicos con respecto a China y su rol en el mundo, algo poco rescatado ya que la mayoría de los libros sobre el tema se centran en la rivalidad entre los Estados Unidos y la Unión Soviética y pasan por alto el, a mi juicio, decisivo rol del Imperio Británico. Ya presuponen de antemano la “relación especial” entre británicos y norteamericanos y se olvidan de los numerosos conflictos entre ambas fuerzas, fundamentalmente las diferencias enormes entre Roosevelt y Churchill, y la lucha de facciones dentro de Estados Unidos.
Esta es la historia del rol de los anglo-americanos en la fundación de la “República Popular China”.
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Gustavo Molvert

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